DEL TORO SUPERSTAR
Considerado el ‘Tim Burton mexicano’, Guillermo del Toro se afianza en el olimpo del cine internacional. Desafiando a las grandes productoras, crea cosas diferentes... Y nos revela detalles de sus pró
GUADALAJARA — Guillermo del Toro es el director mexicano más imaginativo de todos los tiempos. Este tapatío le ha dado al cine latino un abanico de fantasía como nadie hasta ahora.
Historias impensables en la narrativa de nuestro séptimo arte son autoría de este hombre que se dedica a hacer películas de seres de fábula por un compromiso que hizo con estos seres cuando pequeño.

“Cuando era niño los monstruos no me dejaban dormir, me asustaban sin tregua, entonces hicimos un trato. Yo contaría sus historias y ellos me dejarían en paz”, relata el cineasta. Hoy el director, guionista, fotógrafo y productor cosecha los frutos de un raro convenio con personajes del inframundo.
En foros como el Festival de Cannes, los premios Oscar y hasta la Cámara de Diputados de México, su voz es escuchada con mucha atención. Con su imaginación siempre desbordada pero que al mismo tiempo permanece bajo control para no perder la historia de fondo, su seria posición ideológica, su simpatía personal que gana a cualquiera, su manera neta de ser y de decir las cosas, conquistó a la prensa, el público y a la comunidad cinematográfica mexicana que lo había visto antes siempre en forma distante.
Hoy Guillermo del Toro es un ídolo y se le reconoce. Para su buena fortuna, se ha consagrado con “El Laberinto del Fauno”, cinta que cuenta con un guión redondo escrito por él mismo, en el que se da el lujo de criticar a la ideología franquista y en el que envía un mensaje directo y mágico al mundo que ha dejado de creer en la dignidad del ser humano.
En todas sus presentaciones públicas se muestra alegre, irreverente y cercano, pero sin dejar de lado un discurso profundo. Por ejemplo en la noche en la que se entregaron los premios Ariel, subió en varias ocasiones al estrado del Palacio de Bellas a recibir las estatuillas obtenidas, y todas las veces bromeó con el galardón. La gente se alegró con su triunfo, se le veía ligero y sin preocupaciones.
Pero cuando llegó a sus manos el Ariel por Mejor Película, su tono cambió. Se hizo la siguiente pregunta frente a todo los presentes: Lo que no entiendo es por qué las otras cintas nominadas a la Mejor Película no tienen compañía que las distribuya. Se refería especialmente a ‘El Violín’, el largometraje de Francisco Vargas que ha ganado más de 20 premios en todo el mundo. Con su crítica aguda a la distribución, del Toro provocó un largo silencio en la sala y, por supuesto, muchos aplausos. La semana siguiente Canana Films, la productora de Gael García y Diego Luna firmó un contrato con Vargas para
distribuir “El Violín”.
El genio regordete ha dicho una y otra vez lo que le ha costado mucho trabajo filmar y más aún defender sus finas pero también delirantes historias. En todos los casos ha vencido, y en todos sus largometrajes ha necesitado siempre más presupuesto del planeado. Por ello, se siente de alguna manera responsable de alzar la voz para que las cosas para quienes vienen detrás de él sean un poco más sencillas. Tal vez por eso también se dedica a producir trabajos de cineastas jóvenes con los que se identifica.
Con “El orfanato” que dirigió el español Juan Antonio Bayona, logró romper récords en taquilla para una ópera prima. Sobre su labor como productor su sentir es muy gráfico. “Te lo digo de esta manera: es muy bonito actuar de guarura de alguien que empieza para que no les pase lo que me ocurrió a mí. Que es el equivalente a cuando alguien se agacha a recoger el jabón en la prisión. Fue bastante brutal y
al principio no necesariamente se siente muy bonito. Luego me empecé a acostumbrar”.
Hoy Del Toro no ha dejado de pensar en monstruos. “Yo he vivido con ellos toda mi vida. No me salí de lo mío para ver si me ganaba un Óscar. El prestigio vino al gueto a visitarnos, si vuelve
o no ya es problema del prestigio. Yo seguiré con los mismos monstruos a toda madre”. ★



