PARTE DE GUERRA
Es casi tan peligroso ser policía en México como ser soldado en Iraq. El saldo es rojo. El Narco no perdona.
CIUDAD JUÁREZ — A la banda de Los Zetas no les tiembla el pulso para asesinar a plena luz del día con ráfagas de metralleta o a machetazo limpio. Han dejado de ser los sicarios a sueldo del cartel del Golfo para montar su propio negocio, un “supercartel” que pretende controlar el tráfico de cocaína, marihuana y cualquier otra droga en México y Estados Unidos.
La aparición de este nuevo grupo es consecuencia de la guerra que el Presidente Felipe Calderón declaró al narcotráfico tan pronto como llegó al poder, en diciembre de 2006. La batalla ha revuelto el avispero, ha enfrentado a unos contra otros y a todos en contra de las autoridades de seguridad.

La Policía Federal sufrió, en los primeros dos días de junio, la baja más numerosa de agentes registrada en operativos contra el crimen organizado. En tres ciudades fronterizas fueron abatidos, en tan sólo 48 horas, unos 40 agentes. Más de uno por hora, en promedio.
Todos los policías murieron en enfrentamientos mal planeados, donde se actuó con mala información de los sistemas de inteligencia. Las portadas de los diarios mexicanos se asemejan a un parte de guerra. Los carteles están enviando un brutal mensaje a policías y
soldados: súmense a nosotros o morirán. La amenaza aparece en carteles colgados junto a carreteras y en listas de “condenados” de muerte dadas a conocer públicamente.
México ha batallado durante años para tratar de limpiar sus fuerzas de seguridad y ganar el respeto público, pero los mexicanos, según las encuestas, generalmente asumen que la policía e incluso los soldados son corruptos, a menos que se pruebe lo contrario, y los honestos carecen de recursos, entrenamiento y la confianza de que sus colegas les respalden.
Aquellos policías que se enfrentan con los carteles de la droga se sienten aislados y vulnerables cuando se vuelven blancos de ataque, como sucedió con 22 comandantes de la ciudad fronteriza de Ciudad Juárez, cuando narcotraficantes los colocaron en una lista de
amenazados de muerte dejada en un monumento a los caídos.
De los 22, nueve han sido asesinados y tres heridos en atentados. Once de los 12 restantes han renunciado. El único comandante que sigue en funciones no desea ser entrevistado. “Son ataques dirigidos a los principales comandantes de la policía de la ciudad, pero eso no está sucediendo solamente en Ciudad Juárez”, dijo José Reyes en el funeral de la víctima más reciente, el comandante policial Juan Antonio Román García.
Tiene razón. Está sucediendo en Nuevo Laredo, en Tijuana, en Culiacán. En toda esta zona están atacando a los altos mandos para desestabilizar.
LA FUERZA DEL NARCO
Los carteles mexicanos se han vuelto tan intrépidos que, en Guatemala o El Salvador, han transmitido anuncios desde transmisores clandestinos de radio con los que buscan reclutar a ex soldados para trabajar como pistoleros. También han atado pancartas sobre las carreteras de Nuevo Laredo con mensajes como “Los Zetas (una pandilla de narcotraficantes) te quiere. Ofrecemos buenos sueldos a soldados”.
Es una operación sicológica, aceptó un capitán del Ejército sobre los anuncios. “Usan el mismo lenguaje que usamos para que te desanimes, para que ya no trabajes tanto”, agregó el militar, que no estaba autorizado para ser citado por su nombre. Y la operación de su convoy de tres vehículos (con una decena de soldados con ropas de combate persiguiendo sospechosos de drogas por las calles sin pavimentar, recogiendo bolsas pequeñas de cocaína y opio dejadas atrás) ilustra los desafíos que enfrentan.
“Ellos conocen las calles y el terreno, y se pueden meter a cualquiera de estas casas y no los podemos seguir, no podemos hacer nada”, afirmó.
ZETAS EN ACCIÓN
La movilización de 36,000 militares y policías a los Estados de Sinaloa, Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas, está dando resultados: el cartel de Tijuana, dirigido por los hermanos Arellano Félix, el de Juárez, de Vicente Carrillo Leyva, y buena parte del cartel del Golfo han sufrido duros golpes.
La llamada “federación”, como se llamó a una alianza creada por varios capos del estado de Sinaloa -Joaquín El Chapo Guzmán, los hermanos Beltrán Leyva, Ignacio Coronel e Ismael “El Mayo” Zambada-, se ha desmoronado. Eso permitió emerger a Los Zetas, más preparados y dispuestos a todo.
En medio de la ofensiva del Gobierno y las batallas intestinas, Heriberto Lazcano y Miguel Treviño, los dirigentes de Los Zetas, decidieron unirse con los hermanos Beltrán Leyva para crear un supercartel de la droga, según datos de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) revelados por el diario mexicano El Universal. Los Zetas son los asesinos mejor preparados de México. Muchos de ellos son ex militares corrompidos a finales de los noventa por el capo del cartel del Golfo, Osiel Cárdenas -en prisión en Estados Unidos-, que los convirtió en su brazo ejecutor. Son expertos en el manejo de todo tipo de armas y explosivos, en comunicaciones y en operaciones de asalto.
El nuevo cartel también inauguró el código violento que hoy pone los pelos de punta a los mexicanos: decapita sistemáticamente a los traidores, asesina a familias enteras de sus rivales, practica levantones (secuestros) a mansalva y, casi siempre, para luego torturar y ejecutar a las víctimas. Su violencia hizo tan famosos a Los Zetas que hasta pueden hallarse videos sobre ellos en YouTube.
¿PERDIDOS?
Cada vez más, la policía se está rindiendo. La semana pasada, funcionarios estadounidenses revelaron que nueve comandantes policiales mexicanos han cruzado a Estados Unidos en busca de asilo, diciendo que se sienten desprotegidos y temen por sus vidas.
“Es casi como una batalla militar”, dijo Jayson Ahern, Subcomisionado de la Agencia de Aduanas y Fronteras de Estados Unidos. “El público no tiene idea del nivel de violencia que existe en la frontera”. El 8 de mayo, Edgar Millán Gómez, jefe de la policía federal, fue asesinado en su departamento en la Ciudad de México.
La policía responsabilizó al cartel de Sinaloa y dijo que un policía estaba entre los sospechosos. La embajada estadounidense en el D.F. ondeó su bandera a media asta. “México ha perdido otro héroe”, dijo el embajador Tony Garza. El narcotráfico está cada
vez más en manos de sicarios que de los tradicionales gestores del negocio.★



