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¡Que rico!

LOS ÁNGELES.- Con las manos negras y pegajosas que le quedaban al pelar la cáscara de los tomatillos, Gustavo salía con un billete de diez mil pesos en la bolsa, del cuarto donde su abuela solía guisar. Atravesaba un patio largo con piso de tabique y corría las tres cuadras que separaban la casa de Toña, de la tiendita donde estaban los futbolitos. Ahí se pasaba horas gastándose su “sueldo” de ayudante de cocina de su abuela.

Fueron, quizás, los primeros frutos de su trabajo en la gastronomía.

Hoy, Gustavo es un reconocido chef que lo mismo sale en alguno de los programas de la cadena Univisión dando sus recetas basadas en la comida mexicana, que participando en giras de publicidad como vocero de la Comisión de Aguacates de California. Gustavo ha representado a las empresas Hormel y Herdez en eventos públicos como Fiesta Broadway en Los Ángeles y Fiesta del Sol en Chicago, don

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de lo han reconocido miles de fans de origen mexicano. Actualmente, Chávez es Director de Calidad para Chesapeake Bay Gourmet, una de las plantas de productos de mariscos más grandes en la nación.

Él es parte de una generación de chefs aztecas que le han dado a la gastronomía mexicoamericana, una nueva cara. Con su trabajo han logrado borrar el paradigma de que la comida en México son tacos, tamales y pozole con chile.

EN BUSCA DE LA SAZÓN

Alberto Barajas Vigil emigró a los Estados Unidos. Salió como todos, sólo con unos pesos para poder cruzar la frontera, siempre de mojado. En ocho ocasiones incursionó en lugares como Reynosa, Tamaulipas: Laredo, Texas; Piedras Negras y Ciudad Acuña. Incluso asegura que una vez estuvo a punto de ahogarse en el río Bravo.

Después de mucho batallar en los Estados Unidos para tener su estadía, Barajas Vigil se estableció en Dallas, Texas, donde actualmente trabaja como chef en un importante restaurante de la compañía “Fénix” cuya especialidad es la comida mexicana: enchiladas y fajitas de carne de res y pollo, entre otros antojitos.

Originario de Acámbaro, Guanajuato, comenta que en el restaurante donde labora, al principio tenía muchos problemas para hacerse de una buena clientela, pero ahora eso ha cambiado, pues la demanda ante estos productos ha hecho que las empresas comiencen a multiplicarse rápidamente.

El aumento del consumo de comida mexicana en Estados Unidos no es sólo incremento del gusto por nuestros productos, sino parte de un proceso inexorable de penetración cultural desde México hacia el norte, afirmó Gustavo Velázquez de la Fuente, presidente de la Fundación para la Productividad del Campo AC.

Agregó que el desafío es “cómo hacer para que esto derive en beneficios a nuestra comunidades; tenemos que buscar tecnologías para exportar insumos y poder subirnos al carro del progreso”. Como él, empresarios, activistas y funcionarios comienzan a buscar las maneras de sacar provecho de este fenómeno, algunos con conocimientos del caso y otros sorprendidos ante las cifras que llegan desde el otro lado: 90 mil restaurantes ofrecen comida mexicana en Estados Unidos y Canadá; 10 por ciento de los trabajadores de esa industria son personas nacidas en México

y las empresas de hispanos en este sector crecieron 30 por ciento durante el último lustro.

Cándido Morales Rosas, director del Instituto de los Mexicanos en el Exterior (IME) señala que expertos dicen que la comida mexicana ya superó la demanda de restaurantes chinos o de restaurantes italianos. Los hay de todos tamaños y estilos, desde el sencillo carrito de tacos hasta lujosos, elegantes y costosos sitios.

RICA ADVERSIDAD

No sólo en lugares ex profeso se consumen los platillos mexicanos, la propia cadena McDonalds, símbolo de la cultura local ha tenido que hacer flexibles sus menús. Desde abril de 2007, Ronald vende un platillo mexicano denominado “Ensalada Southwest” inspirado en los sabores del chile y limón.

La ensalada es una combinación de hasta 15 variedades de lechuga, pechuga de pollo caliente asada o crujiente cubierta con glaseado de cilantro y limón y una mezcla de verduras como frijoles, tomates, maíz asado y chile poblano. El plato vale 4.29 dólares y según la cadena, ha vendido 8 millones de unidades. Los modelos de omercialización de la franquicia también han servido para restaurantes tradicionales. Con 72 años de existencia y cinco generaciones dedicadas a su elaboración,

El Huarache Azteca tiene en su menú la “cajita aztequín”, una pirámide de cartón con su comida, gelatina y juguetes, que emula a la famosa Cajita Feliz. Sin embargo, el mayor pendiente para el crecimiento de esta industria es facilitar la importación de materias primas que hoy llegan a Estados Unidos encarecidas y degradadas.

Y ese problema repercute porque frustra los planes de muchos empresarios gastronómicos, quienes dudan en el crecimiento a corto plazo. “Lo estamos checando”, respondió Rodrigo Hernández de El Huarache Azteca; “A corto y mediano plazo no, a partir de 2009 puede ser”, afirmó Sergio Pérez, de Tok’s; “A futuro la idea es extenderse, pero dicen que la importación de insumos es más o menos complicada”, agregó Ángel Martínez, de la Fonda El Recuerdo. Al paso que sea, la comida mexicana llegó, al igual que sus consumidores, para quedarse en Estados Unidos.★

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