Informe Hispano

LOS ANGELES — En el último año a Marcos Sánchez Grijalva, de 34 años, le ha ido de mal en peor.
De ser encargado de cuadrilla para una compañía constructora, ahora trabaja literalmente “en lo que caiga”. Mientras los políticos y los expertos se pelean por ver si llaman “recesión” o “desaceleración económica” a la fuerte crisis que está impactando al país, Marcos, que apenas tiene la primaria terminada, lo explica mejor: “No hay chamba”.
Ante la falta de oportunidades, se las está viendo negras para poder mantener a su esposa y a sus dos hijas. Y ni hablar de enviar los 320 dólares que, hasta hace un año, hacía llegar religiosamente cada mes a su familia en Cholula, Puebla, de donde salió hace 7 años. Sus padres y sus tres hermanas dependían de ese dinero.

Pero lo más dramático es que no se trata de una historia aislada. Su caso resume el de cientos de miles de hispanos. La proporción de mexicanos radicados en Estados Unidos que envían regularmente remesas cayó de 71% en 2006 a 48% en lo que va del 2008, de acuerdo con cifras reveladas hace unos días por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
El organismo presentó los resultados de un estudio, según el cual los mexicanos que envían remesas regularmente, lo hacen en promedio 14 veces al año, con un monto de 295 dólares por transferencia.
Las principales causas de la caída son la desaceleración económica y lo que llaman “un ambiente más hostil hacia los migrantes”, que significa que muchas empresas no están contratando trabajadores ilegales por miedo a sanciones y/o rechazo de una parte de la comunidad anglosajona.
Entre los 10 principales estados emisores de remesas en Estados Unidos, Georgia, Texas y Virginia registran las caídas más importantes en el número de migrantes que envían dinero, seguidos muy de cerca por Nueva York, Florida y Arizona.
Así, en 2006, el 85% de los migrantes en Georgia enviaban remesas a sus hogares, contra el 53% en 2008; en Virginia, hace un par de años, el 88% de los latinoamericanos mandaban dinero a sus países de origen, porcentaje que cayó dramáticamente al 59% en 2008.
LA REALIDAD AQUÍ
Hace dos semanas, Marcos consiguió el primer trabajo en lo que va del año. Uno de sus amigos de la construcción lo invitó a lijar unas tablas.
“Está bien canijo ahorita. Ando queriendo entrar a una fábrica, aunque sea a cinco ‘bolas’ (dólares) la hora”, confiesa resignado. Y es que hasta antes de octubre de 2006, Moisés solía ganar 25 dólares la hora como encargado de la cuadrilla de trabajadores que ponía tablarroca (drywall) en las casas en proceso de construcción.
Pero poco a poco empezó a escasear el trabajo. A sus trabajadores les dieron descanso obligatorio. Luego él empezó a trabajar en la obra, como cuando llegó al país. Y ahora encontrar empleo es complejo. Por ser el último eslabón dela estructura ocupacional, los
inmigrantes son los más afectados ante una recesión, consideró el investigador del Colegio de la Frontera Norte, Rodolfo Cruz.
La crisis en la construcción golpea a los mexicanos, porque un alto porcentaje de ellos laboran en el sector, y se están viendo golpeados por la crisis inmobiliaria. Y lo peor, según el analista, está por venir. Los que no tienen trabajo van a tardar en conseguir empleo.
LA REALIDAD ALLÁ
Debido que los mexicanos representan más del 75% de los migrantes, México sigue recibiendo 6 de cada 10 dólares que salen de Estados Unidos en forma de giro a Latinoamérica.
El Gobierno de Felipe Calderón reveló que el monto de las remesas recibidas disminuyó. Las entidades que resintieron mayores disminuciones fueron el Distrito Federal, con 44.4 millones de dólares; Chiapas, con 16.7 millones, y el Estado de México, con 15.4 millones.
Según estimaciones de la Secretaría del Trabajo, 400,000 mexicanos emigran anualmente a Estados Unidos. La mayoría son de áreas rurales pobres. Y se sabe que 60% de los que se van, lo hacen con la presión de que tienen que enviar el dinero para mantener a sus familias, ya que ese será el único ingreso que tengan en México. Si a todo esto le sumamos que, mientras los precios de los alimentos suben, miles de familias campesinas, receptoras de remesas, están sumergidas en una aguda crisis económica y social, tenemos un
cóctel explosivo.
La mayoría de los habitantes rurales y sus familias sufren exclusión del sistema financiero y la paradoja es que de los 25 mil millones de dólares de remesas, 8 mil millones son enviados a comunidades rurales marginadas de los servicios financieros.
Las remesas venían siendo el sostén de la economía rural. Su caída, solo hace agudizar,todavía más la crisis.